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16 febrero 2012

El ejercicio del Loro


Hola, hoy os traigo algo que he escrito en un ejercicio que se me pidió en clase.
Espero que os guste :)

El ejercicio:
Inventar una historia breve de unas 100 palabras, en la que el loro del fragmento de la novela del ejercicio anterior sea el protagonista.




Desde que la ama murió, la casa estaba en silencio. Y ni siquiera yo, uno de los loros más charlatanes del mundo, me atrevía a mencionar palabra.


Mi amo ya no era el mismo; cada vez volvía más tarde y más borracho después del trabajo.
Las pocas veces que me hablaba lo hacía con desprecio y casi nunca se acordaba de darme agua y comida.
Una mañana se dejó la ventana abierta, yo miré hacia fuera pensando di debía marcharme.
De repente una alegre y pequeña niña pasó por delante y dijo: -¡Hola, Lorito!


Entonces desplegué mis coloridas alas y salí para irme con ella. 




Luna de Caramelo.

17 septiembre 2011

Las Chiquinas de colores







LAS CHIQUINAS DE COLORES

En un lugar muy lejano había un bosque encantado.
En ese bosque vivían unas criaturas mágicas, llamadas Chiquinas.
Las Chiquinas eran personitas pequeñas de colores, que podían volar con sus bonitas alas.
Todas las Chiquinas que eran del mismo color vivían y jugaban juntas, pero solo había una Chiquina de color negro.
La Chiquina de color negro, llamada Nini, vivía sola porqué no había ninguna del mismo color que ella, al principio no le importaba, pero con el tiempo empezó a cansarse de estar siempre sola.
Así que un buen día de primavera Nini decidió salir a hacer amigas.

Al lado de su casita vivían sus vecinas, las Chiquinas verdes, se acercó a la casita de color verde y picó a la puerta.
Una Chiquina verde acudió a abrir: -Hola, ¿que quieres? -Le preguntó.
-Hola, soy Nini, una Chiquina negra, como soy la única de este color estoy sola, y me preguntaba si vosotras querríais jugar conmigo.
La Chiquina verde puso mala cara y le contestó: -Lo siento pero yo solo juego con Chiquinas verdes y tu color es muy oscuro. Adiós y por favor, no nos molestes más.
La Chiquina verde cerró de un portazo y la pobre Nini se quedó allí algo triste, pero no podía rendirse tan fácilmente, así que ella sola fue a dar un paseo a ver a quién se encontraba en el bosque que quisiera jugar con ella.

Nini comenzó a pasear y vió un gran árbol lleno de manzanas.
¡Qué bien! Le encantaban las manzanas, así que voló con sus alas para llegar arriba a coger una, pero antes de que pudiera llegar se encontró a las Chiquinas rojas en una rama del árbol.
-¡Hola Chiquinas rojas! -Saludó Nini alegremente. -¿Queréis coger manzanas conmigo?
Las Chiquinas rojas se miraron entre ellas y comenzaron a reírse, Nini no entendía que había dicho que fuera tan gracioso.
Una de las Chiquinas rojas habló: -¿Pero tú crees que con ese color negro tan feo vamos a dejarte coger manzanas? Las manzanas son rojas como nosotras, así que son nuestras. Y tú eres de color negro, un color feo y oscuro.
-¡Vete de nuestro árbol! -Dijo otra Chiquina roja.
De repente todas empezaron a gritar a Nini cosas desagradables y a tirarle manzanas para que se fuera.

Nini se fue llorando hacia su casa, por el camino encontró a las Chiquinas amarillas y azules, pero Nini estaba muy triste y sabía que ellas tampoco querrían ser sus amigas, así que corrió hasta llegar a su casita negra.
Allí se encerró, pensando en no salir nunca más.
Lo que no sabían Nini ni las otras Chiquinas, es que había una Chiquina de color blanco que había estado escondida todo el día, viendo lo que sucedía.
La Chiquina blanca esperó a que oscureciera, a esa hora todas las Chiquinas salían al bosque para encender las luces.

Cuando todas las Chiquinas estaban encendiendo las luces de la zona del bosque dónde estaba la casa de Nini, la Chiquina blanca salió de su escondite para que todas la vieran.
Nini estaba mirando por la ventana de su casita y vio cómo la Chiquina blanca se mostraba ante todas.
-Hola. Soy una Chiquina blanca y he venido a visitaros. -Dijo aquella Chiquina de un color tan diferente y bonito.
Todas las Chiquinas se quedaron sorprendidas al ver el color tan bonito y luminoso de esa Chiquina.
Y así todas comenzaron a admirarle.
-¡Qué color tan brillante! Por favor ven a vivir con nosotras. -Dijeron las Chiquinas rojas.
-No, ven con nosotras las Chiquinas amarillas, tu color dará más brillo al nuestro -Dijeron las amarillas.
Y así también las verdes y azules, todas las Chiquinas querían que la Chiquina blanca viviera con ellas.

-¿Porqué queréis que viva con vosotras? -Preguntó la Chiquina blanca.
-Porqué no hay nadie que tenga un color tan distinto como el tuyo. -Respondieron.
-Os equivocáis. -Dijo la Chiquina blanca. -Hay una Chiquina de un color tan diferente y admirable como el mio. Y no la habéis tratado bien.
Todas supieron de quién estaba hablando la Chiquina blanca y Nini salió de su casa.
Entonces las Chiquinas comprendieron que no debían discriminarse por ser de colores diferentes, y que podían ser todas amigas sin importar el color que tuvieran.
Así que todas se disculparon con Nini y con Chiquinas de otros colores con las que habían tenido alguna discusión.

A partir de ese día, todas las Chiquinas vivieron juntas y felices y estuvieron muy agradecidas a la Chiquina blanca por lo que les había enseñado.
Gracias a la amistad que tuvieron las Chiquinas nacieron Chiquinas de colores nuevos y diferentes y aprendieron que si unes las diferencias que tienes con otras personas puedes descubrir cosas nuevas y mucho más bonitas.

07 septiembre 2011

Cuento de Navidad.



Cajas para África

Por fin era diciembre y se acercaban las vacaciones de Navidad.
A Violeta le encantaba la Navidad, siempre le regalaban muñecas o vestidos para vestir a las que ya tenía. Le encantaba ver el día 6 de enero como los Reyes Magos le habían dejado los regalos a ella y a sus padres.
Pero a la pequeña Violeta le gustaba la Navidad por muchas más cosas, como pasear por la calle con todas esas luces de colores que la decoraban, poner el árbol de Navidad con sus padres y llenarlo de bolas y adornos, juntarse tantos días con toda su familia.

Y había algo más que a Violeta le llamaba la atención, y es que cada año en Navidad antes de que llegaran las vacaciones, ponían una gran caja en la puerta de su colegio en la que su mamá y las de sus compañeros dejaban comida.
El último día de cole antes de vacaciones Violeta y su mamá recogieron las notas de Violeta y antes de salir su madre dejó en la caja un paquete de arroz y otro de lentejas.
-¿Porqué ponéis comida en esa caja mami? -Preguntó Violeta.
-Tu profesora me ha dicho que eres una de las que mejor lee en clase, ¿por qué no me lees lo que dice la caja, cariño? -Le pidió su madre.
Violeta vio que en la caja había algo escrito y leyó: "Para que los niños de África tengan una Navidad feliz"

Entonces su madre le explicó qué pasaba en África:
-En África hay muchos niños que no tienen comida ni juguetes, por eso les enviaremos esta caja con comida y una caja con juguetes que hay en la iglesia. Para que ellos también tengan una buena Navidad con comida y regalos.
-¿No tienen muñecas para jugar? -Preguntó Violeta muy triste.
-A veces no, pero entre todos les ayudaremos. -Le respondió su madre con una sonrisa.

De camino a casa Violeta pensó y pensó en los pobres niños de África. Le daba mucha pena que no pudieran tener comida y regalos en una fiesta tan bonita como Navidad, así que al llegar a su casa cogió muñecas con las que ya no jugaba y estuvo un buen rato peinándolas y vistiéndolas.
Cuando terminó llamó a su madre.
-¡Mami, mami! ¡Ven a ver una cosa porfaaa!
-¿Qué pasa, hija?
La madre llegó hasta la habitación y allí vio a todas aquellas muñecas bien peinadas y vestidas.
-¡Son para los niños de África, mami! ¡Para que jueguen!
A la madre de Violeta, emocionada, se le escapó una lágrima.
-¿Por qué lloras mami, lo he hecho mal? -Preguntó Violeta preocupada al ver que su madre lloraba.
-No, hija, lo has hecho muy bien, lloro por que estoy muy contenta de que ayudes a la gente. ¡Las niñas y niños que reciban estos juguetes se pondrán muy felices!

Y así después de ese día Violeta se fue a dormir imaginando cómo los niños y niñas recibirían esas cajas con comida y juguetes y podrían ser tan felices como ella en Navidad.

05 mayo 2011

Laurita y el tobogán.

Laurita tenía 9 años e iba al colegio.
Era algo tímida y le costaba hacer amigos, pero al menos tenía a su compañera Lola que jugaba con ella en el patio y se sentaba a su lado en clase.
Un día en el patio Lola convenció a Laurita para jugar con los demás niños y niñas de clase, Laurita acabó aceptando aun que no le gustaban esas barras dónde sus compañeros hacían volteretas.
-Hola ¿Podemos jugar con vosotros? -Preguntó Lola
-Sí, pero si no dais una voltereta en la barra perdéis y no podéis tiraros al tobogan. -Le contestó un compañero.
Lola se subió y aun que le costó un poco consiguió hacer la voltereta. A Laurita le daba miedo y no entendía por que no podía ir al tobogan.
-Ara te toca a ti Laurita, ¡ha sio mu chulo!
-Es que... a mi me da miedo...
-¡Tienes que hacerlo! Se juega asin. -Le dice el niño de antes.
Laurita va hacía a la barra pero cuando se cuelga y salta no es capaz de aguantar su peso y se cae.
-¡Ay! -Se queja Laurita.
-¡Va que no pasa na, intentalo otra vez!
Laurita vuelve a intentarlo varias veces, pero no lo consigue y empieza a cansarse de caerse.
-¡Jo! Ya no quero intentarlo más, no sé hacerlo... -Dice Laurita casi llorando.
Su compañero se enfada mucho con ella:
-Pues entonces no puedes jugar con nosotros. ¡Nos vamos al tobogan!
Lola sigue al niño.
Laurita se levanta del suelo y va hasta el tobogán pero no le dejan subir. Ni si quiera su amiga Lola.
-¡Dejadme subir porfa! -Les pide llorando.
-¡No! Tú no haces la voltereta pos no hay tobogan, si no la haces no te queremos porque no puedes ser nuestra amiga. -Le dice Lola muy seria y enfadada.
Laurita decide contarselo a la profesora pero cuando llega hasta ella suena el timbre que anuncia el fin del recreo y la profesora no le hace caso diciendole que se lo cuente en otro momento y se ponga en la fila si no quiere que la castiguen.
Laurita obedece y decide olvidar el tema hasta que llegan a clase.
De repente su amiga Lola se ha cambiado de sitio.
-¿Ya no te sientas conmigo? -Le va a preguntar Laurita preocupada.
-¡No! Por que ahora eres una tonta por no hacer la voltereta.
-Sí, vete a tu sitio torpe. -Defiende otro compañero a Lola.
La profesora sigue sin darse cuenta de la situación porque como quiere hacer la clase decide no escuchar a Laurita una vez más.
La pobre Laurita va a sentarse sola y triste. Cuando llega a su casa decide no contarle nada a sus papás porque piensan que igual que su profesora tampoco la van a escuchar.
Pero conforme va pasando la semana los niños y niñas se van metiendo cada vez más con ella: -¡Tonta!
-¡La Laurita es una torpe! Y mil cosas más.
Un día un compañero le tira tierra del patio en la cara y Laurita termina llorando delante de la profesora que esta vez si le hace caso.
Al final hablando con los alumnos y haciendo muchos ejercicios en grupo para reforzar la confianza y con mucha paciencia la profesora consiguió que todos volvieran a ser amigos y que sus alumnos entendieran que todos han de tener los mismos derechos aun que sean diferentes.




Bueno este cuento puede parecer un poco triste aun que acabe bien.
Lo he escrito para que la gente vea que la discriminación, el bullying y el acoso escolar no es solo cosa de adolescentes.
Yo hablo por experiencia ya que estuve algunos años sufriendo bullying en el colegio cuando era pequeña.
En mi caso me discriminaban por cosas más serias que la de mi cuento pero la realidad es que cualquier cosa por muy pequeña y absurda que parezca puede ser motivo de burlas en un colegio.


Lo de la profesora se debe a que muchas veces los maestros no ven estás situaciones hasta que la cosa se pone más fea.
Yo opino que contra más se deja que discriminen a una persona más difícil será luego que la acepten.
En mi caso no se llego a solucionar nunca del todo el conflicto. 


Y lo de la amiga es porque cuando un grupo discrimina a alguien aun que seas amiga de esa persona puedes acabar haciendo lo mismo para que no te discriminen a ti.


Bueno es posible que vosotros penséis diferente, yo lo veo así por lo que viví.
Aun que sea algo triste espero que os haya gustado. :)