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24 agosto 2012

La primera vez - Mini relato


La primera vez


Estábamos solos en casa viendo una película que no era demasiado interesante. Comenzamos a ponernos nerviosos, yo lo notaba. ¿Sería por qué se nos estaba ocurriendo lo mismo?
Nos miramos y le sonreí.
Te quiero dijo acariciándome el pelo.
Le besé, le seguí besando.
Yo también te quiero.
 Entonces ya no podía parar de besarle y él tampoco podía parar de acariciarme. Sin ningún problema nuestros cuerpos se sintonizaron, uno encima del otro como si estuviéramos creados para conectarnos en cualquier momento.
El calor invadía la habitación, nuestros cuerpos, nuestros sentimientos... Todo. Pero era una calidez asombrosa y agradable, la que no se puede explicar porque solo se siente haciendo el amor.
Poco a poco y con muchos besos, caricias, escalofríos y gemidos inevitables nos fuimos desnudando hasta quedar totalmente expuestos el uno con el otro.
Todo se desarrollaba en una perfecta sintonía, temí por un momento lo que pudiera pasar pero sus besos me hicieron olvidar el dolor que pudiera existir y no hubo más que placer y asombro.
Piel con piel hicimos el amor por primera vez.

23 diciembre 2011

Adictos a la Escritura: Versionando la Navidad - diciembre 2011

Navidad Mágica



Aeren era una maga de catorce años que se veía obligada a quedarse en la escuela de magia cada Navidad porque no tenía familia. Había nacido a causa de un extraño hechizo que además le había causado tener la piel muy pálida y de un color azulado, lo que le hacía ser el bicho raro y a la que todos ignoraban.
La escuela no le gustaba para nada, pero al menos en Navidad todo estaba solitario y vacío, podía pasar por los pasillos sin escuchar susurros ni malas voces sobre ella, dormir sola en la habitación y hacer lo que le apeteciera. Era su única forma de Navidad.
Ni si quiera sabía que se celebraba en Navidad.

Pero esa Navidad Aeren no estaba sola, misteriosamente un alumno se había quedado allí también.
-¿Qué haces aquí? –Preguntó Aeren sorprendida puesto que aquél chico era de su clase aunque no recordaba su nombre.
-Mis padres no han venido a buscarme, así que aquí me tengo que quedar, a celebrar la Navidad en la escuela, vaya fiestas.
-¿Celebrar? Aquí no se hace nada, simplemente disfruto el hermoso tiempo de soledad hasta que todos vuelven, así que procura no molestarme.
Aeren estaba dispuesta a salir y perderse por alguna parte de la escuela dónde aquél inoportuno no pudiera encontrarla, pero con un sencillo truco el chico había atrancado la puerta.
-¿Qué haces? ¡Abre la puerta!
-¿Pero porque no te esperas? Solo quiero estar contigo.  –Dijo el chico.
-Mira, ni me acuerdo de como te llamas, ni me interesa estar contigo, ni celebrar nada.
Con otro truco de varita Aeren hizo estallar la puerta en mil cachitos y salió de la sala.

Al chico, Inad, le dio pena aquella chica que no sabía como se celebraba la Navidad, simplemente le gustaba porque no había nadie para molestarla. Inad no entendía bien los sentimientos de Aeren y deseaba poder hacerlo, a él le encantaba la Navidad y se sabía la historia de memoria.  
Así que la estuvo buscando y la vio en el patio por la ventana, a toda prisa salió para encontrarla y hablar con ella.
-¡Hola! –Dijo Inad.
-¿Tú otra vez? ¿Se puede saber que te pasa ahora?
-Tranquila, vengo en son de paz, solo quiero hablar contigo…
-¿Hablar? –Preguntó sorprendida.
-Sí, sé que todos te desprecian pero yo nunca lo he hecho aunque tampoco haya hablado nunca antes contigo. Pero ahora podemos conocernos, ser amigos.
Entonces Aeren decidió darle una oportunidad, nadie había querido tener una amistad con ella nunca y si no se arriesgaba no sabría nunca que se siente al tener un amigo.
-Está bien, por si no lo sabias me llamo Aeren.
-Encantado, yo soy Inad.

Una amistad empezó entre ellos, lo primero que más les acercó fue el hecho de que Inad le enseñará como los magos celebraban la Navidad.
-¿Sabes que día es hoy no? –Le preguntó Inad a Aeren.
-24 de diciembre. ¿Por?
-¡Por que hoy es La Noche Mágica que nos lleva a Navidad!
-¿Quééé?
-Cada 24 de diciembre por la noche todos los magos y magas deben hacer una especie de ritual, que consiste en hacer unos determinados trucos para que todo sea precioso en el cielo y así celebrar el nacimiento de Las Tres Grandes Señoras de la Magia que nacieron de un hermoso hechizo creado por el Gran Mago.
-¿Tres grandes señoras? ¿Gran Mago? No sé nada de lo que me hablas, Inad…
-¿Nada? No puede ser…  ¡Las Tres Grandes Señoras de la Magia se encargan de equilibrar nuestro mundo! Ellas vigilan que la magia negra no supere a la blanca. Celebramos su nacimiento porqué ellas han hecho un mundo mejor.
-Ahh… ¿Y qué se hace para celebrarlo?
-Se dice que el día en que nacieron el cielo se iluminó con unas luces preciosas, por eso cada noche del 24 de diciembre a las doce de la noche todos los magos y magas hacemos el ritual en la calle o jardín y con hechizos llenamos el cielo de luces de colores.
Así Las Tres Grandes Señoras de la Magia pasan volando y nos regalan estrellas para mejorar nuestra magia.
-Entiendo lo del ritual y las luces, pero… ¿De qué estrellas hablas?

Inad enseñó sus estrellas doradas a Aeren, había dos muy grandes y brillantes y nueve más pequeñitas pero igual de hermosas.
-¿Por qué estás son más pequeñas? –Quiso saber Aeren.
-Cuando diez estrellas pequeñas se unen crean una de estas. ¡Si las Tres Grandes Señoras me dan una más ya tendré tres estrellas enormes!  Este año he hecho muy buena magia así que seguro serán generosas, ellas controlan todos los hechizos de nuestro mundo. Y si haces buena magia recibirás buenas estrellas.
-¿Por qué yo nunca he recibido una? Oh, ya… Mi magia es horrible, solo sé destrozar cosas… No sé de trucos hermosos ni delicados…
-¡Aeren yo te ayudaré! Estoy seguro de que si logramos hacer que el cielo de nuestro patio sea el más bonito de todos Las Tres Grandes Señoras te traerán estrellas y así mejorarás tu magia.
Inad estuvo todo lo que quedaba de día enseñando los trucos a Aeren que estaba llena de ilusión por celebrar su primera Navidad.

Y al llegar la noche salieron al nevado patio:
-Tú haz como yo y repite mis movimientos como hemos ensayado antes. –Indicó Inad.
Ambos se arrodillaron sobre la nieve y entonces comenzó el espectáculo: Los movimientos de las manos y la varita de Inad creaban bonitos dibujos brillantes de distintos colores que subían al cielo y se movían como estrellas fugaces.
Aeren hizo lo mismo, deseando con todas sus fuerzas dibujar con su varita cosas tan maravillosas
Aeren puso todo su empeño e ilusión en la tarea y el resultado fue un espectacular cielo lleno de preciosas luces de colores brillantes.
-¡Mira Aeren! ¡Es genial, nunca he visto un cielo tan fantástico! ¡Nadie lo ha hecho tan bien como nosotros!
Emocionada la chica esbozó una inmensa sonrisa y entonces a través de las luces de colores pudo ver tres blancas estrellas volar sobre el cielo y dejar caer estrellitas doradas, mientras escuchaban una voz femenina y dulce.
-¡Felicidades Inad por tu fantástica magia y enseñar a quién lo necesitaba, estas son tus estrellas! –Seis pequeñas estrellas cayeron justo en sus manos.
-¡Y Aeren, también hay para ti! ¡Por fin has logrado abrirte a una persona y has sentido la ilusión de la Navidad! Espero que sigas mejorando…

La voz se fundió con todas las luces y todo desapareció dejando un silencio de paz y cuatro pequeñas estrellas brillantes en las manos de Aeren.
Realmente estaba feliz y contenta, siempre había creído que jamás encontraría a un amigo y por eso nunca intentó abrirse a la gente.
Pero Inad le había enseñado lo que era la amistad y la ilusión, así que a partir de ahora intentaría ser una gran maga y celebrar cada Navidad con una sonrisa junto a su amigo. 

_________

Quizá alguien se a fijado en los extraños nombres de los protagonistas del relato Aeren y Inad, pues estos nombres son lo que sale de escribir Nerea (aeren) y Dani (inad) al revés. 
Dani es mi pareja y he usado este juego de nombres para desearle feliz Navidad de una forma original y agradecerle que me haya ayudado a confiar mucho más en mí misma y a ver las cosas con más ilusión :) 
Él me ayuda mucho también con ideas de mis relatos y novelas, podría decir que es mi musa y gran parte de mi inspiración al escribir.
Con esto cariño quiero agradecerte que siempre estás a mi lado apoyándome y queriéndome solo como tú sabes hacerlo. ¡Feliz Navidad! Te quiero. 


Espero que os haya gustado mi relato ^^
¡Y feliz Navidad para todos! 

 

PD: Los dibujos son míos, este último lo hice hace unos pocos años y esta un poco mal pero me parecía gracioso! jaja

23 noviembre 2011

Adictos a la Escritura - El fragmento, noviembre 2011

¡Hola!
 Este es mi relato para el proyecto de noviembre de Adictos a la Escritura titulado: Juntos para siempre.
El proyecto de este mes consistía en escribir un relato a partir de un fragmento escogido de un libro o canción.
Espero que os guste y leer vuestros comentarios :)



AVISO:
Este relato es dramático y trágico, si eres menor de 16 años o no te gusta este tipo de relatos lee bajo tu responsabilidad.





“Con un metro setenta de altura, unos cincuenta kilos de peso, era tan delicada y frágil como una flor. Tenía el pelo de un ángel, y los ojos grises. Una naricilla respingona y la boca más bonita de todo el condado.”
Fragmento del libro: Una larga espera de Nora Roberts



Juntos para siempre

Ella siempre había sido hermosa, no importaba cuantos años pasaran, que estuviera recién levantada o enferma, que fuera con un vestido de seda o en chándal. Para él su esposa siempre estaba preciosa. 
Cada vez que miraba a esos ojos grises no podía evitar sonreír. 
Sabía que nunca se había equivocado, ella era el amor de su vida. Siempre estaban unidos y enamorados, como dos adolescentes que acaban de enamorarse.
Su amor era tan fuerte que podía superar cualquier cosa, sin duda su destino les decía que estarían juntos para siempre, pero hay veces que el destino cambia repentinamente…

Cuando recibió aquella llamada y fue corriendo al hospital no encontraba ninguna explicación, su mujer no se merecía aquél final, ella no. Sólo deseaba que Dios bajara del cielo y le cambiara por ella.
No entendía porque le había tocado a él perder a lo que más quería en el universo en un maldito accidente. 
Llegó a casa y todo era distinto, ella ya no estaba. Ya no podría cogerla por la cintura, acariciar su suave pelo, tocar aquella bonita nariz ni besar esos dulces labios… 
Se había ido para siempre.

Su vida ya no tenía sentido, nada le devolvería a su amor. 
No conseguía pensar, ni comer o dormir, solo podía llorar y llorar en su triste y vacía habitación. 
Sin su esposa no podría vivir feliz jamás, sin ella no sobreviviría en un mundo tan cruel, nunca se acostumbraría a estar sin su presencia, sin abrazarla y ver su sonrisa cada mañana.
Si ella no estaba todo era imposible.

Sin pensarlo dos veces se levantó y fue a por un cuchillo.
Llenó la bañera y se metió dentro, si su esposa no iba a estar más en la tierra él tampoco.
Con fuerza cortó sus venas y mientras veía salir la sangre pronunció sus últimas palabras:
-Mi amor, espérame allí arriba porque voy a buscarte.
Y entonces todo se desvaneció. Ya no había tristeza, ni sufrimiento, ni soledad, ni lágrimas…

Todo había terminado y volverían a estar juntos, esta vez, para siempre. 
FIN



15 octubre 2011

Consigna Octubre 2011: Impureza.

AVISO:
Si no eres mayor de edad lee bajo tú responsabilidad.





Enamorada de mi hermano

Cuando sus padres decidieron casarse ellos eran pequeños todavía.
Ambos de la misma edad eran solo hermanos por ley y no por sangre.
Adrián y Vanesa se habían pasado la infancia creciendo y jugando juntos, también discutían a veces pero siempre se perdonaban como buenos hermanos.
Además se querían mucho. Si alguien le hacía algo a Vanesa Adrián era capaz de todo con tal de defender a su hermana.

A Vanesa le encantaba que su hermano la ayudara y estuviera pendiente de ella.
Y cuando llegaron a la adolescencia empezó a gustarle más todavía...
Sabía que aquello estaba mal y que no podía ser, aun que no fuesen hermanos de sangre, sabía perfectamente lo que pensarían de ella: Que era impura y una vergüenza.
En fin, seguro que era una tontería, algún día encontraría al chico del que se enamoraría de verdad.

Pero si Adrián tonteaba con alguna chica Vanesa se moría de celos, a veces hasta se ponía a llorar delante de él cuando iba a tener una cita. Entonces tenía que inventarse una excusa para que no supiera que estaba enamorada y él se quedaba a consolarla y acababa plantando a la chica por ella.
Eso le sirvió en el instituto, pero ahora ya se habían hecho adultos y estaban en la universidad.



El primer mes en la universidad todo fue bien, aun que a Vanesa sus amigas empezarán a atosigarla por que no había tenido un solo novio en su vida y tampoco se fijaba en los chicos.
Pero Adrián comenzó a conocer a una chica y a Vanesa no le sirvió de nada llorar delante de él ni nada que pudiera inventarse, por qué a Adrián le gustaba mucho esa chica y no pensaba faltar a la cita.
Al poco tiempo Adrián empezó a salir con ella.

Aquello era la peor de las pesadillas para Vanesa, los veía juntos en la universidad, paseando por el parque, cuando se daban un beso delante de todos...
Y eso no era todo, porque pronto Adrián querría llevarla a casa y presentarla a sus padres. Entonces tendría que aguantarlo a todas horas.
Vanesa estaba muy triste, lloraba cada noche, no salía con sus amigas... Además no le contaba su problema a nadie, porque aquello era un pecado y sus padres tan religiosos pensarían que no era digna de esa familia y se convertiría en la peor de las impurezas.

Adrián se dio cuenta de que Vanesa estaba triste, ya que en las comidas apenas provaba bocado y se la veia apagada.
Le pregunto si estaba bien pero ella simplemente le dijo que había tenido un mal día, pero al caer la noche la escuchó llorar. Y no quiso entrar a molestarla, pero se preocupó al escucharla algunas noches más.
Adrián comenzaba a sospechar con el paso de los días, parecía que Vanesa ya no confiaba en él y sentía que era por algo que le había molestado.
¿Pero que podía haber hecho él tan malo para que su hermana estuviera tan mal?



Una de esas tardes de otoño Adrián llegó a casa con su novia.
Vanesa estaba en el salón mirando la tele con sus padres cuando de repente él entró acompañado y la presentó allí delante de ella.
Sintió una gran punzada en el corazón cuando él la agarró por la cintura, cuando sus padres la invitaron a cenar y la más grande cuando por esto Adrián no pudo evitar besar a la chica de alegría.
-Lo siento no quiero cenar, y menos con tanta gente... Tengo el estomago revuelto, me voy a mi habitación.
Dijo Vanesa con las lagrimas apunto de salir de sus ojos.
-Pero hija... -Su madre intento detenerla, preocupada por ese extraño comportamiento, pero Vanesa ya había salido del salón y se dirigía a su cuarto con lágrimas en las mejillas, no estaba orgullosa por el comentario que había soltado pero estaba dolida y por eso no había podido evitarlo.

Después de cenar Adrián acompañó a su novia hasta casa.
-Creo que la cena a valido la pena, a mi familia le caes genial. -Dijo Adrián con una sonrisa antes de despedirse.
Pero la chica no estaba tan convencida.
-Bueno a tú hermana no le gusto demasiado... Ha quedado claro que no quería cenar conmigo... -Confesó.
-Ya, eso estuvo fuera de lugar... Hablaré con ella, se ha comportado fatal.
-Está bien, pero no quiero que tengas problemas con ella por mi culpa.
-Tranquila, si tenemos un problema será su culpa no tuya. Tú no has hecho nada.
Y tras esta conversación se despidieron con un ligero beso y Adrián llegó a su casa dispuesto a hablar con su hermana.

Iba a cantarle las cuarenta por haber dado a entender que no quería cenar porqué su novia estaba allí.
Eso era de mala gente, se supone que una hermana quiere la felicidad de su hermano.
Y él era feliz con su novia y cuando estaba con ella su hermana no hacía más que poner mala cara.
Entró en la habitación de Vanesa sin llamar a la puerta y ella se asustó.
-¡Adrián! ¿Por qué entras así? -Dijo secándose las lágrimas rápidamente y sentándose en la cama.
Adrián cerró la puerta y se acercó a ella quedando de pie en frente suyo.
-Iré al grano: ¿Por que has hecho eso? ¿Por que narices lloras cada noche y me miras mal cuando estoy con ella? ¿Por que no has querido cenar cuando estaba ella?
Vanesa estaba avergonzada y no sabía que hacer... Ya le estaban cayendo lagrimas de nuevo.
-¿Pero por qué lloras? Estoy muy preocupado por ti, eres mi hermana y te quiero. Por Dios, ¿que es lo qué pasa? Sabes que puedes confiar en mi, siempre te he apoyado. -Dijo Adrián sentándose a su lado.
-¿Es que no te das cuenta de que no nos queremos de la misma forma? -Soltó Vanesa sin pensar, harta de llorar cada noche por él.

Adrián se quedó helado, mirándola confuso. ¿Se estaba refiriendo a lo que el creía? No podía ser...
Y Vanesa decidió ser sincera por fin y que todo acabara de una vez:
-Adrián... Te quiero, estoy enamorada de ti y no puedo más. No puedo ver como la besas, como la abrazas... No soporto no poder ser yo la que esté contigo por ser tú hermana. Y si no quieres hablarme nunca más lo entenderé.
¿Como iba a dejar de hablarla? ¡Estaba enamorada de él! Adrián no sabía que hacer, se sentía totalmente conmovido y nunca había pensado en su hermana de esa manera pero ahora que la tenía allí delante confesandole su amor le parecía totalmente irresistible.

Sin pensarlo más hizo caso a sus impulsos: la besó, ella sorprendida le devolvió el beso y así acabaron tumbados en la cama, entre las sabanas con caricias y más besos por todo el cuerpo.
Hicieron el amor sabiendo que a vista de los demás sería impuro, vergonzoso, un pecado y hasta ilegal. Y sobretodo a vista de sus padres.
En esa época era un amor más que prohibido, aun que no fueran hermanos de sangre. Eso a nadie le importaría.

A la mañana siguiente despertaron juntos, confusos preguntándose que venía después.
-¿Y qué es lo que pasa ahora? ¿Volverás con ella? -Preguntó Vanesa.
-Lo que siento por ella no es comparable con lo que siento por ti y sentí anoche todo el tiempo. -Le respondió abrazándola.
-¿Y papá y mamá? No podremos escondernos toda la vida... Mucho menos de ellos...
-Lo sé, no será fácil, querrán separarnos.
-No permitas que nos separen, Adrián, por favor... Te amo.
De repente la puerta se abrió, era la madre de Vanesa preguntando por su hijastro:
-Vanesa. ¿Sabes dónde esta tú hermano? No ha dormido en... -No les dio tiempo a reaccionar y allí los vio su madre en la misma cama.

Sus padres estaban avergonzados, indignados... Y les esperaban en el salón, seguramente con las maletas preparadas.
Adrián y Vanesa bajaron las escaleras y entraron en el salón de la mano, preparados para las consecuencias.
-¡Sois una deshonra para la familia! ¿Que pensáis que dirán ahora de nosotros en la ciudad? No solo os habéis acostado juntos sin estar casados y siendo hermanos, además le has sido infiel a tu novia. -Dijo el padre de Adrián muy enfadado y mirando con desprecio a su hijastra.
-No he visto nada más impuro en toda mi vida... Nosotros no os hemos educado así, este pecado no tiene perdón. Iros de nuestra casa. -Concluyó la madre de Vanesa fríamente.

Sin más discusión les acompañaron a la puerta dónde les esperaban las maletas ya hechas por la sirvienta.
Ellos las cogieron, y dijeron sus últimas frases en esa casa:
-Llevo enamorada de él casi toda mi vida, no me importa lo que penséis. Gracias de todas formas por la vida que nos habéis dado.
-No hay nada impuro en dos personas que se aman, pero sabemos que todo tiene consecuencias. Por suerte somos mayorcitos para cuidarnos solos. Adiós papá, adiós mamá.


19 septiembre 2011

Proyecto Adictos Septiembre 2011: La fotografía


                                  

Amor sorpresa




Era un día como otro cualquiera, Selena se levantó para ir al instituto una vez más.
No tenía ganas de nada, al igual que el día anterior e igual que al siguiente seguiría sin ganas.
Y así llevaba cada día que había pasado y que pasaba desde que su novio la dejó por otra. Esa otra era Raquel, una de sus mejores amigas que, por supuesto, ya no era nada más que un ser despreciable para Selena.
Además Selena se sentía realmente sola, todas sus amigas habían decidido que el grupo de amigos seguiría a pesar de que ellas no se hablaran pero Selena no quiso aceptar, ya tenía bastante con aguantar a Raquel y a su ex novio en clase cómo para salir juntos por las tardes.
No podía soportar tal cosa, así que dejó de salir con el grupo, se sentía tan triste…

Igual que todos los días fue al instituto y sin saludar a nadie se sentó en su sitio a esperar a que llegara el profesor de la primera clase del día.
Como era de esperar sus amigas tampoco la saludaron, si es que se las podía seguir llamando así. Eso era lo peor.
Sus amigas apenas se habían preocupado por ella, ni si quiera le habían propuesto salir solas sin que viniera Raquel con su ex novio. Simplemente habían aceptado que ella no saliera más con el grupo, y como Selena fue apartándose porque no se preocupaban por ella y se sentía cada vez más triste acabaron sin saludarla.


Carlos era un chico tímido, siempre era el más callado de todos los chicos del grupo. Pero siempre había sentido una conexión con Selena y no le gustaba nada lo que le estaba pasando. 
Selena era una chica maravillosa y buena, si él fuese su novio jamás la traicionaría y la trataría como se merece. Llevaba mucho enamorado de ella en secreto.
Cada día que pasaba la notaba más triste y desanimada, con lo que le gustaba aquella Selena tan feliz aun que estuviera saliendo con aquél desgraciado que la engañaba…
Tenía que hacer algo para animarla y por ver aquella sonrisa tan encantadora.


Un día diferente a uno cualquiera, al salir de casa para ir al instituto de nuevo Selena encontró pegada una rosa en su puerta junto con un papel que decía: Te quiero.
¿Eso era para ella? Sus padres estaban divorciados y su madre no tenía novio, menos probable era que tuviera un admirador secreto… ¡Así que tenía que ser para ella!
Aquella mañana Selena apareció más contenta que todos esos días anteriores y con una bonita rosa en la mano.
Aunque ella siguió perdida en su solitario mundo todo el día por mucho que los demás la miraran, Carlos se puso muy contento de ver cuánto le había animado su rosa.

Pasaron pocos días y Selena parecía volver a estar triste, pensaba que alguien la quería y se había enamorado de ella pero seguro que había sido una equivocación. ¿Qué esperaba encontrar una rosa cada día en su puerta? Que ilusa había sido…
Carlos no podía verla sufrir, estaba enamorado de ella desde hacía tiempo y por lo visto la rosa del otro día le había hecho mucha ilusión… ¡Quizá era el momento de lanzarse y confesar sus sentimientos!

A la mañana siguiente Selena volvió abrir la puerta para ir al instituto, sin esperanzas de encontrar ninguna rosa. Pero se sorprendió mucho al ver una curiosa caja enfrente de su puerta.
Dentro de ella había una rosa fucsia artificial, un pintalabios y una pequeña carta que decía:

“Querida Selena, cuando vi este pintalabios pensé que te gustaría y decidí regalártelo, si no lo quieres siempre puedes regalarlo tú a alguien.
Si quieres saber quién soy te estaré esperando esta tarde a las seis en el parque con un ramo de rosas artificiales iguales a la que te dejo aquí.
Espero que te haya gustado y que quieras conocerme, Te quiero.”

¡Por supuesto que quería conocerle! Era verdad que alguien la quería, había un chico enamorado de ella... Y estaba consiguiendo enamorarla a ella también con esos detalles tan románticos que nadie había tenido nunca.
Aunque aquello podía ser una broma o de algún chico que no conociera de nada tenía que arriesgarse a ser feliz.

Esa mañana las clases parecían pasar más lentamente, con las ganas que tenía de que llegara la tarde para descubrir quién era su misterioso enamorado.
Carlos también tenía muchas ganas, no se quitaría ese nudo de la garganta hasta que la viera aparecer en el parque y le dijera lo que sentía.

Al fin llegó la hora y Selena llegó al parque buscando a ese chico con la mirada.
Al parecer no había nadie con un ramo de rosas fucsias artificiales, pero de pronto lo vio venir por detrás de un árbol y corrió hasta él.
-¡Carlos, eres tú! –Exclamó sorprendida pero con una gran sonrisa.
-Sí… Yo… Te quiero Selena.
-Gracias, Carlos. Me has hecho sentir querida y que importaba a alguien cuando me sentía más sola que nunca.

Y así los dos se perdieron en un profundo beso.


09 agosto 2011

Maratón Escritura día1.

¡Hola!
Hoy ha sido el primer día de maratón.
En fin a vosotras no sé, pero a mi me ha costado bastante esto de las cinco páginas.
¡Ni si quiera son cinco páginas enteras!
Además tendré muchas faltas de ortografía... Y es que mañana es el cumpleaños de mi novio (¡Felicidadees amoor! Te quiero) así que tengo cosas que organizar! 
Aprovecho para decir que he decidido seguir con mi historia de La vida de Ainhoa para así acabarla esta semana y hacerla más larga de lo que tenía previsto.
Bueno espero que os guste y poder dar más de mi en los proximos días :D
¡Leere encantada vuestras opiniones y gracias!




La vida de Ainhoa 

Capítulo 3:

Ainhoa se lo estaba pasando realmente bien, su primo Pablo no paraba de hacerla reír. Ella se sentía muy a gusto, la timidez de antes había quedado atrás.
Por fin llegaron al restaurante, era un restaurante italiano, muy bien decorado, parecía ser algo caro y estaba muy lleno.
-¡Vaya que sitio tan guay! Pero parece que no hay mesa... -Dijo Ainhoa.
-No te preocupes, que la tengo reservada. -Sonrió su primo mientras se acercaba un camarero.
-Buenas noches. ¿Tienen reserva? -Preguntó el camarero.
-Sí, Pablo García. 
-Muy bien, vengan por aquí.
Ainhoa y Pablo siguieron al camarero atravesando las mesas de la gente hasta llegar tras una cortina dónde habían mesas libres y poca gente. Allí era dónde cenaban los que reservaban mesa y por lo tanto pagaban más, Ainhoa pensó en cuánto costaría aquello pero decidió olvidarlo en seguida y divertirse como estaba haciendo.

-Esta es su mesa, señor.
 Pablo retiro una silla para que su prima se sentara y esta sonrió sintiéndose como si estuviera en una película. 
Empezaron a mirar la carta, en la que no ponía precio. 
-¿Porqué no pone el precio? -Pregunto ella mientras miraba. 
-Mi madre me dijo que tu carta fuera así para que no te pidas lo más barato. -Dijo el riendo un poco.
-¡Oh claro, la tía Julia! Jaja
Los dos rieron y pidieron su cena. Estaba buenísima.
Al acabar de cenar el camarero les trajo la cuenta.
-¿Cuanto a costado? -Quiso saber Ainhoa.
-¿Que habíamos dicho de los precios? -Bromeó Pablo que decidió enseñarle la cuenta. 
Ainhoa la cogió y miro los números de abajo: 47,65€ Después miró más arriba y se dio cuenta de que su plato había sido el más caro.
-¡Oh lo siento! Mi plato era el más caro...
-¡Çjaja! No te preocupes hombre si no es nada, todos nos merecemos una cena así de vez en cuando. ¿No crees? -Dijo su primo cogiéndole la mano.
Ella se sorprendió pero no la apartó y le sonrío. 
-Gracias, Pablo.

Pablo y Ainhoa se dirigian a salir del restaurante, y Pablo se quedó quieto de pronto cuando vio quién estaba entrando. 
-¿Qué pasa? -Preguntó Ainhoa notando el gran cambio que había dado la cara de su primo.
-¿Me harías un favor? -Preguntó él.
-Claro. Pero qué... 
-¿Ves a esa rubia que está esperando mesa ahí? -Dijo cortándola. 
-Sí.
-Pues es mi ex novia y apuesto a que ha venido aquí sólo para que la vea con ese ... Necesito que vea que tú y yo tenemos algo. 
Ainhoa se sorprendió al oír aquello pero su primo le había pagado una cena fantástica y no podía negarse, además a lo mejor resultaba hasta divertido.
-Está bien. -Dijo ella mientras se agarraba a su cintura. 
-¡Jaja! Te lo tomas en serio. -Bromeó Pablo que le pasó el brazo por los hombros.
Fueron hacía la puerta juntos, riendo. Entonces aquella chica rubia les vio y cogió la mano del chico qué la acompañaba.
-¡Vaya que sorpresa, Marina! -Dijo Pablo sin separarse de Ainhoa.
-¡Hola! ¿Qué haces por aquí? -Preguntó Marina, disimulando. 
-Pues he traído a esta chica tan guapa a cenar. Te presento a Ainhoa. 
-Ah.. Hola... -Le dijo Marina sin mucho entusiasmo mirándola de arriba a bajo. 
-Encantada. -Sonrío Ainhoa. -¡Menudo pelo rubio tienes! ¿Es natural?
-Pues claro chica. 
-Pero si te teñiste ayer... -Dijo el chico que acompañaba a Marina. 
-¡No digas tonterías! -Le respondió ella.
Pablo casi se pone a reirse allí mismo. Pero se contuvo. 
-Bueno vamos a llamar al camarero qué como vosotros ya habéis salido pues nos daran vuestra mesa. -Dijo Marina.
-No, nosotros teníamos reserva. ¿Verdad cielo? -Dijo Pablo dirigiéndose a Ainhoa.
-¡Sí!
Marina estaba quemándose por dentro, ella había ido allí para darle celos a él, no para que él se los diera a ella. Su amiga, la novia del mejor amigo de Pablo le había dicho que él iría allí a cenar, pero no que iría con una chica tan guapa con la que parecía tener algo más que amistoso.
-En fin nos vamos ya, espero que os den mesa pronto y lo paséis bien. -Se despidió Pablo -¡Adiós Marina!
-Sí... Adiós Pablo. 
-¡Adiós! -Dijo Ainhoa.

Pablo y Ainhoa salieron, triunfantes, como si hubieran ganado una batalla.
-Esa chica no parecía muy contenta de verte conmigo eh. -Dijo Ainhoa cuándo estaban sentados en el coche.
-Lo sé, has estado genial, jaja. -Dijo Pablo.
-Es lo menos que podía hacer por ti después de una noche tan estupenda. -Sonrío ella.
Él volvió a cogerle la mano como en el restaurante, sin poder evitarlo.
-Verás, es que Marina y yo tuvimos una relación larga, que acabo sólo hace un mes porque me fue infiel... Cómo la dejé y no quise perdonarla intenta darme celos allá dónde voy para fastidiarme, pero hoy gracias a ti he podido pagarle con la misma moneda.
-¡Pero bueno, que chica tan estúpida! -Exclamó Ainhoa. -Tú eres un chico genial, no te mereces a alguien así. Hiciste bien en dejarla, Pablo. Si hizo eso es porque realmente no te valora. 
Pablo se quedó mirando a Ainhoa emocionado por lo que ella había dicho, desde que lo dejó con Marina no se había sentido querido por nadie. 
La abrazó y ella se sorprendió de nuevo, dejándose llevar y abrazándole también. Sin duda su primo era un buen chico, alguien que merecía una chica mucho mejor que esa tal Matina. Alguien como ella, pensó. 
Un momento, no podía enamorarse de su primo... 
Después del largo abrazo los dos volvieron a ponerse bien en sus asientos. 
-Bueno, ¿quieres que vayamos a algún sitio? -Preguntó Pablo.
-La verdad es que estoy algo cansada. Aun que me gustaría dar un paseo nocturno por la playa, jaja. 
-¡Eh que buena idea!
-Oh pero mi casa queda muy lejos, puede que sea mejor que me lleves ya allí, además tu madre estará deseando que vuelva para irse a descansar, pobre. -Dijo Ainhoa pensando en voz alta.
-La verdad es que mi madre me dijo que se quedaría a dormir a tu casa y que tú te quedarías en la mía, veo que no te lo a comentado. Y bueno la playa esta más cerca de mi casa, jeje.  
-¿En serio? ¡Jaja, qué bien! Pues vayamos a la playa entonces. Ais, tu madre es un sol. 
Ainhoa estaba feliz por tener una tía como aquella que mirara por su felicidad, no entiende por que su madre no quería llamarla en muchas ocasiones que Julia les hubiera ayudado.
En fin, su madre era así a veces, ha pasado por cosas muy duras en su vida y por eso a veces cuando las cosas van mal se pone enferma.
Se encierra en su habitación, con las persianas bajadas y no se levanta de la cama en días.
Aun que últimamente está tardando más de lo normal en recuperarse, pero la tía Julia esta allí. Así que no pasará nada. 

Después de unos minutos de camino risas y canciones que sonaban en la radio llegaron por fin a la playa. Ambos bajaron al coche y fueron hacía la arena.
Ainhoa se quitó los zapatos y corrió hacía la orilla.
Pablo se quedó mirandola, pensando en lo guapa que su prima se había hecho con los años, no la recordaba así de alegre, sin duda era una chica que se merecía más felicidad de la que había tenido, él podría darsela. ¡Pero... si era su prima! No, no podía enamorarse de ella, además acababa de salir de una relación larga con Marina y necesitaba descansar de amores.

Pablo corrió hacía ella, que estaba quieta en la orilla sintiendo la tierra y el agua fría correr por sus pies cada vez que venía una ola. 
-¿Está fría? -Preguntó Pablo quitándose los zapatos antes de acercarse demasiado a la orilla.
-¡Un poco! Jiji. 
-Siempre me ha gustado venir a la playa de noche, aun que hacía mucho que no venía.
-A mi también me gusta mucho, aun que seguro que hace más tiempo que tú que no vengo. -Dijo Ainhoa con algo de tristeza.
-Bueno, lo importante es que ahora estamos aquí. -Sonrió su primo.
Empezaron a jugar en la orilla corriendo y riendo por la playa, se lo pasaban muy bien juntos. 
Al pasar un rato se sentaron en la arena ya lejos de la orilla.
-¡Ay! Qué cansada estoy de correr jaja. -Bromeó Ainhoa.
-¡Jaja! ¿Sabes? Me he divertido muchísimo contigo esta noche Ainhoa.
-Y yo Pablo, has hecho que olvidé mis problemas y disfrute sin pensar en nada por una vez. Hacía mucho que no me sentía así. Gracias.
Ainhoa abrazó a Pablo, no sabe por qué pero sintió el impulso de hacerlo.
De repente él se aparto un poco sin soltarla, sus caras y labios estaban cerca, quería besarla. 
Y lo hizo. 
Ella no se apartó, no hizo ningún gesto de disgusto y siguió besándole.

Conforme el tiempo pasaba la pasión iba creciendo, el momento era perfecto, romántico, en una playa vacía. Ninguno de los dos podía frenarse.
Ainhoa no se creía lo que estaba haciendo, ni si quiera sabía si eso estaba bien, pero no le importaba porque en ese momento no podía pensar en nada que no fuera Pablo.
Y moviéndose juntos por la arena como si fueran una sola persona terminaron haciendo el amor. 

Quedaron luego tumbados y abrazados, pensando en qué había pasado.
Ninguno de los dos dijo nada hasta que Pablo notó que Ainhoa tenía frío.
-¿Tienes frío? Podemos ir ya a casa si quieres.
-Está bien.
Pablo se levantó y ayudo a Ainhoa dandóle la mano para que hiciera lo mismo, seguidamente se quitó su chaqueta y la puso sobre los hombros de ella.
Caminaron de la mano hasta el coche y fueron de camino a casa.
Una vez allí él la condujo hasta su cuarto.
-Podemos dormir juntos, mi hermano debe de a verse quedado en casa de su novia.
Los dos entraron a la habitación y se quedaron en ropa interior. 
Se metieron en la cama y se abrazaron bajo las sabanas.
-Pablo. 
-¿Sí?
-Lo que hemos hecho... Bueno... ¿Que significa para ti?
Él la miró reincorporándose un poco y le dijo:
 -Sé que eres mi prima, sé que hacía mucho que no nos veiamos pero... siento más que una simple atracción por ti. Te he besado una vez y siento que ya no puedo parar de hacerlo.
Ainhoa estaba emocionada por sus palabras: -No sé que decir, yo siento lo mismo.
-No es necesario que digas nada.
Y así besándose se mostraron su amor y pasión de nuevo quedándose totalmente dormidos y felices hasta la mañana siguiente.



Capítulo 4:

Ainhoa y Pablo se despertaron pronto.
Ainhoa no quería llegar muy tarde a su casa, bastante estaba haciendo ya su tía Julia como para que encima de que se había acostado con su hijo, llegara tarde.
Antes de llegar a casa de Ainhoa, ella y Pablo decidieron que al ser primos sería mejor no decir nada de momento, cuando su madre se recuperara y tuvieran un buen momento para explicar bien las cosas a ella y a Julia ya se hablaría todo.
-Mira Pablo. Hoy hace mucho sol, puede que mi madre se encuentre mejor.
-¡Sí! Además ahora veré a tus hermanitos, espero caerles bien. 
-Jaja, seguro que sí.

Ainhoa estaba feliz y tenía ganas de ver a sus hermanos, aun que ella estaba segura de que todo estaba bien porque la tía Julia estaba allí. 
Pero se equivocaba porque cuando llegaron al portal y Ainhoa vio allí una ambulancia se temió lo peor.
-¡Oh Dios mío! Una ambulancia. 
-Tranquila Ainhoa puede que no sea por tu madre.
Pero ella no sentía lo mismo, al ver la ambulancia supo que tenia que ver con su madre. 
Pablo aparcó deprisa y ella hecho a correr hasta llegar a su casa.
Y cuando terminó de subir las escaleras se encontró con todo aquel terrible panorama.
-¡Mama! 
-Ainhoa tranquila, esta bien la llevan al hospital. -Dijo su tía calmándole.
-¿Qué a pasado? 
-Verás ayer por la noche tu madre se levanto y vio que no estabas, se enfado mucho conmigo, se puso a beber alcohol... No pude pararla. Esta mañana estaba borracha y al ver que no llegabas pronto le ha dado un ataque de ansiedad. La han tenido que sedar, y ahora la llevan al hospital. 

Ainhoa se sentía culpable, muy culpable. Corriendo fue a tranquilizar a sus pobres hermanos, asustados por ver así a su madre y porque ella no estaba en casa.
Entonces Pablo llegó con ellos y así les explico a los niños que era su primo y Ainhoa había estado con él porque la tia Julia necesitaba que hicieran unas cosas en su casa.
Los niños se tranquilizaron mucho al ver que su hermana había estado bien, con su primo Pablo, y que a mamá la estaban curando en el médico como les dijo Ainhoa.